Para qué sirve revisar antes de comprar
En una visita normal se mira la luz, la distribución y el barrio. Los problemas que más dinero cuestan suelen estar en otra parte: una humedad pintada hace poco, una instalación eléctrica sin toma de tierra, ventanas que no cierran bien o fisuras que se repiten en varias estancias.
La inspección previa a la compra consiste en recorrer la vivienda con calma, estancia por estancia, revisando los elementos visibles y accesibles. El resultado es un informe con fotos que separa lo urgente de lo que puede esperar, para que decidas con información y no solo con ilusión.
Qué se revisa
- Humedades: manchas, eflorescencias, olor a cerrado, pintura abombada y zonas frías en muros, techos y bajo ventanas.
- Fisuras y grietas: dirección, abertura y localización, para distinguir las superficiales de las que conviene estudiar más a fondo.
- Instalación eléctrica: cuadro, diferenciales, enchufes y estado visible del cableado.
- Fontanería y saneamiento: presión, desagües, señales de fugas y estado de sanitarios y grifería.
- Carpinterías: ventanas, persianas y puertas, cierres y estanqueidad.
- Calefacción y agua caliente: funcionamiento y estado aparente de caldera, termo o radiadores.
- Zonas comunes accesibles: portal, escalera, fachada y cubierta cuando se puede acceder.
Cuándo hacerla
Lo ideal es antes de firmar el contrato de arras, porque después es más difícil echarse atrás sin perder la señal. Si ya has firmado arras, todavía tiene sentido antes de la escritura: el informe puede servir para pedir aclaraciones o reparaciones al vendedor.
Consejo: pide al vendedor o a la inmobiliaria que la visita técnica se haga con luz de día y acceso a todas las estancias, incluido trastero y terraza si los hay.
Qué no es una inspección visual
No es una tasación (que estima el valor para el banco), ni una ITE (que revisa el edificio completo por obligación municipal), ni un informe pericial para un juicio. Tampoco permite descartar defectos ocultos tras paredes o suelos sin hacer catas o ensayos. Si algo lo requiere, el informe lo indica.
Madrid: lo que más aparece
En pisos de los años 50 a 70 son habituales las instalaciones antiguas, las ventanas sin rotura de puente térmico y las humedades por condensación. En bajos y semisótanos, las humedades por capilaridad. En áticos, las filtraciones desde la cubierta o la terraza.